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EL AMOR SANA: ¿MITO O REALIDAD?

A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado comprender el misterio del sufrimiento, la enfermedad y la sanación. En este camino convergen la medicina, la ciencia, la filosofía y la espiritualidad. Una de las preguntas más profundas, y a veces más desconcertante y dolorosa es:

¿El amor que enseñó Jesús de Nazaret es capaz de curar y sanar cualquier enfermedad? …. ¿Y porque desconcertante y dolorosa?

Responder exige rigor científico, honestidad espiritual y una profunda compasión humana.

Antes de ahondar en este apasionante tema, es preciso aclarar dos términos que desde la medicina moderna tiene significados parecidos, pero, …. Disimiles.

  • Curar implica eliminar o controlar una enfermedad biológica.
  • Sanar implica restaurar la integridad de la persona en sus dimensiones física, emocional, social y espiritual.

Una persona puede estar curada sin estar sanada (sin sentido, con miedo o resentimiento), o estar sanada sin estar curada (enferma físicamente, pero reconciliada consigo misma, con otros y con Dios).

Esta distinción es fundamental para comprender el papel del amor en la salud humana.

Entonces …. ¿cura y sana?

Desde mi experiencia personal Si. …. He podido ver y evidenciar, dos personas con cáncer terminal curadas, ¡algo sorprendente!, también he leído y sé que existen muchos casos de curaciones y sanaciones que no tiene una explicación médica o científica…… Simplemente sus tumores desaparecieron, o la enfermedad se curó. Pero, también he podido ver pacientes con cáncer y otras enfermedades degenerativas y autoinmunes que, a pesar de los tratamientos médicos, sus oraciones personales, cadenas de oración y de la familia, fallecieron -por eso es desconcertante y dolorosa-.

Esto plantea preguntas inevitables:

  • ¿Es el amor de Dios selectivo?
  • ¿Dios cura solo a algunos?
  • ¿Por qué Jesús no curó a todos en su tiempo?

Aquí la respuesta honesta es: No lo sabemos. Y Jesús tampoco lo explicó. Lo que sí sabemos es: Jesús no hizo de la sanación una norma. No explicó el sufrimiento como castigo. No jerarquizó enfermos. No prometió ausencia de enfermedad. Lo que si prometió fue: presencia, sentido y vida plena incluso en el dolor.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. -Juan 16:33. El misterio no es fracaso de la fe; es parte de la condición humana.

Con el conocimiento científico actual, no existe ninguna fuerza emocional o espiritual que garantice la curación de: cáncer, enfermedades genéticas, infecciones graves o enfermedades neurodegenerativas, por eso…personas profundamente amorosas, creyentes y espiritualmente maduras también enferman y mueren.

Por tanto, afirmaciones como: “sí amas como Jesús, te curas”. “si no sanas es porque no tuviste suficiente fe”, “la enfermedad es castigo por falta de amor o pecado” son:

  1. clínicamente falsas.
  2. teológicamente incorrectas.
  3. psicológicamente dañinas.

Esto no viene de Jesús. Viene de una espiritualidad: mágica, moralista, cruel, ajena al Evangelio. Jesús nunca culpabiliza al enfermo, ni lo responsabiliza moralmente de su sufrimiento.

Pero, existe una realidad más profunda

Aquí entramos en el verdadero corazón del mensaje de Jesús. En los evangelios, Jesús no habla solo de “curar” sino de “salvar” y “restaurar” significa: sanar, salvar, liberar, devolver dignidad, reconciliar, dar sentido.

¿Qué hacía realmente el amor de Jesús?

Sanaba: la culpa, el miedo, la vergüenza, la exclusión, la desesperanza, la ruptura interior. Y algunas veces, también el cuerpo, sano la lepra, ciegos, sordos, mudos, paralíticos. En los evangelios: las sanaciones no son automáticas, no obedecen a rituales fijos, no son reproducibles, no crean una ley universal. Son signos del Reino del Amor, no garantías biológicas. La curación física no es la regla, es el signo de algo más profundo.

Desde la ciencia. …Hay evidencias científicas indirectas de que el amor sana. (sin magia)

El amor, entendido como: vínculo seguro, compasión, sentido, perdón, pertenencia sí produce efectos medibles: Reduce el cortisol y la inflamación. Mejora la función inmune. Modula el dolor. Aumenta la resiliencia. Mejora la adherencia a tratamientos. Reduce la mortalidad cardiovascular.  El amor no cura todo, pero mejora la capacidad del organismo para luchar, adaptarse y encontrar sentido.

El amor que enseñó Jesús de Nazaret no es una fórmula mágica ni una garantía biológica de curación. Sin embargo, sana siempre, porque restaura la dignidad, libera del miedo, reconcilia con la vida y da sentido incluso en la enfermedad y la muerte. A veces, de manera que no comprendemos, también hay curaciones físicas inesperadas y extraordinarias. La ciencia las estudia; la fe las llama milagros. Ambas actitudes -investigar y agradecer- pueden convivir. Reconocer el misterio no implica negar la ciencia, sino aceptar que nuestro conocimiento es todavía limitado.

En lenguaje clínico–espiritual:

El amor no reemplaza la medicina. No evita todas las enfermedades. Pero, humaniza la enfermedad, fortalece al enfermo, reconcilia con la vida, devuelve la dignidad, sana las relaciones, da sentido incluso cuando no hay cura. El amor es parte de la medicina, y muchas veces cura y sana.

 

Dr. Jota Rodríguez.

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